Quevedo, poeta amoroso D. Francisco de Quevedo y Villegas, es una de las luminarias más esplendentes, de las que forman la constelación literaria española del siglo XVI. Es miembro y se le estudia como perteciente al SIGLO DE ORO de las letras hispánicas, periodo egregio de la literatura en español. Me he ocupado de él, publicando numerosos ejemplos de su poesía amorosa, verdadero introductor de la misma en España. Hoy público un soneto, verdadero enlace entre la poesía del XVI y el figurativismo abstracto del XXI. Retrato de Lisi que traía en una sortija En breve cárcel traigo aprisionado, con toda su familia de oro ardiente, el cerco de la luz resplandeciente, y grande imperio del Amor cerrado. Traigo el campo que pacen estrellado las fieras altas de la piel luciente; a escondidas del cielo y del Oriente, día de luz y parto mejorado. Traigo todas las Indias en mi mano, perlas que, en un diamante, por rubíes, pronuncian con desdén ...
Todas las actividades humanas de cualquier orden, tienen un principio, una fase de desarrollo y un fin. El conocer exactamente, la duración de los distintos periodos es fundamental para que lleguen a buen puerto y cumplan su función. Vivimos en un mundo donde la evolución es constante, todos los acontecimientos se van sucediendo a gran velocidad y si nosotros, no encontramos un medio, para también avanzar a la par, nos veremos desplazados y perderemos puestos en el ranking vital. Para seguir esta especie de carrera, deberemos conocer en todo momento: que queremos, cual es nuestra meta, con qué posibilidades contamos para llegar al final. Si no contamos con las fuerzas y argumentos necesarios, para llegar al término, mejor es retirarse antes de que las propias circunstancias, te retiren de forma abrupta. Cuando vemos que no vamos a poder conseguir lo que pretendemos, porque las circunstancias que nos rodean, lo van a impedir, salgamos por la puerta principal y no por la traser...
IN LAUDEM DULCINEAE DEL TOBOSO. Ésta que veis de rostro amondongado, Alta de pechos y ademán brioso, Es Dulcinea reina del Toboso, De quien fue el gran Quijote aficionado. Pisó por ella el uno y otro lado De la gran Sierra Negra, y el famoso Campo de Montiel, hasta el herboso Llano de Aranjuez, a pie y cansado. Culpa de Rocinante. ¡Oh dura estrella! Que esta manchega dama, y este invito Andante caballero, en tiernos años, Ella dejó, muriendo, de ser bella; Y él, aunque queda en mármores escrito, No pudo huir, de amor, iras y engaños.
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